Habían pasado días sin verla, a él le parecieron semanas. Todavía no estaba muy claro si estaban peleados, separados… o un break tal vez. Acostado en la cama con los audífonos puestos, escuchando cualquier canción que estuviera en la lista de reproducción. Todas parecían acordes para dedicárselas a ella.
Ya no aguantaba más, tenía que hacerle saber que… que ella había ganado, fuera lo que fuera lo que estaba en juego. Que admitía que la extrañaba y que necesitaba estar con ella.
Ya era muy de noche, aun así fue rápido a su departamento y toco el timbre. Se escucho un estruendo detrás de la puerta que seguidamente se abrió, asomándose así un chico cualquiera con una sabana sucia y arrugada tapándole sus partes nobles… Y en el fondo de la habitación, su cuerpo desnudo descansado boca abajo en la cama. Había llegado en un mal momento.
No dijo nada, que podría decir?! Dio la vuelta y caminó.
Sentado en la acera, ve en el celular su número telefónico por enésima vez queriendo llamarla y decirle todo lo que no pudo en ese instante.
Miro el edificio a través de sus lentes empañados de lagrimas, se repitió a si mismo “No vale la pena”. Se coloco sus audífonos, y se fue dispuesto a olvidarla entre sueños de medianoche.
Dos días después estaba de nuevo frente a su puerta, mendigando dosis de cariño, sexo y satisfacción. Y ella dijo “Si, y mil veces si”
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